domingo, 20 de enero de 2008

El camino olvidado


Sigamos con la espiritualidad cristiana y con la espiritualidad que viene de oriente. Habíamos dicho que la Iglesia Católica tiene dificultades para enseñar oración contemplativa, ésta es una oración privada y parece que se prefiere las formas de oración verbal fijadas por el Magisterio. Da la impresión que la Iglesia como institución tiene miedo a perder el control cuando la persona entra en contracto directo con Dios. El cristiano puede aprovechar lo bueno que hay en cualquier sitio donde sople el espíritu y sin dejar el catolicismo puede estirar su universo con algo llamado experiencia transpersonal. Esto quiere decir que partiendo del cristianismo, no dejándolo de lado, sino teniéndolo como base fundamental se puede lograr una ampliación de la conciencia mediante la experiencia espiritual oriental.
Debemos abandonar nuestra conciencia individual por un momento y comprobar que si sustituimos el “tú” y “yo” por el “nosotros” todo va mejor. Desde el “tu” y “yo” ninguna moral tendrá efecto. El egocentrismo es el gran mal de nuestro tiempo, es lo mismo que creer que la tierra es el centro del universo. Hay que comprobar que somos uno, que existe solo una humanidad y no una suma de seres humanos, la imagen del evangelista Juan de la viña es perfecta para ilustrar esto tan cristiano y tan oriental. Cristo y nosotros somos uno, como una viña en la que el tronco es Cristo y cada sarmiento somos uno de nosotros, sin sarmientos no hay viña y sin tronco tampoco, es todo una unidad donde lo que le pasa a una parte influye en el todo. La solución está en superar las limitaciones del “yo”, como decía Cristo, negarte a ti mismo. La mayoría de las personas que buscan esto, lo hacen desde fuera de la religión porque las religiones no han evolucionado lo suficiente, las reformas que se han llevado a cabo son como cambiar los muebles de sitio y lo que hay que hacer es, sin cambiar de edificio, subir al piso de arriba, donde hay un hueco nuevo y sin estrenar. Se trata de ser más humano, que es algo muy oriental, pero que también es muy cristiano. Cristo, al que nunca hemos hecho mucho caso, es el prototipo del ser humano, y Dios, mediante Él, quiere ser persona en mí, Dios se saborea a sí mismo en las cosas, y por eso existo, para formar parte de un todo en el que Dios sea todo en todos. Mi “yo” no es un pequeño instante en medio del universo. La oración vocal cristiana tiene una frontera con otro tipo de oración que pensamos que solo existe en oriente pero que también existe en el cristianismo. La mística, la contemplación, es una oración dirigida a un Dios personal, es una nueva experiencia de Dios. Muchas personas interesadas en esto, creen que solo se puede encontrar en las experiencias con conceptos orientales, con la meditación trascendental. Todas las religiones, el budismo, el hinduismo, también el cristianismo o el judaísmo tienen dos formas de oración, una exotérica y otra esotérica, desde dentro y desde fuera, una interior y otra exterior, la contemplación o la mística y la oración vocal. Todos, más o menos, conocemos el budismo con el desarrollo del zen y el vipassana o el hinduismo con sus diferentes formas de yoga, todo como formas de oración interiores, y nos quedamos aquí pensando que no hay más, que el cristianismo no puede dar algo parecido. Como he dicho antes la Iglesia parece que tiene miedo a perder el control cuando alguien tiene un encuentro con Dios, siempre ha escondido la contemplación en los monasterios y ha perseguido a los grandes místicos. El cristianismo también tiene formas de sosegar la actividad mental, de sosegar las potencias psíquicas, de forma que deja espacio para que lo que está detrás irrumpa. El cristianismo tiene un camino místico que ha sido olvidado deliberadamente.

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