miércoles, 30 de enero de 2008

Gracias


Estoy de exámenes en la universidad. Eso, en principio no es demasiado malo, pero si además de eso tienes un trabajo...
Vamos, que no tengo tiempo de nada.

Lo dicho, en cuanto acabe el último examen, vuelvo a la normalidad.
Gracias por todo.

domingo, 27 de enero de 2008

Fieles laicos


Nueve mil sacerdotes españoles tienen más de 75 años. Nada raro si no añadimos que son 9.000 entre 19.000 en total, casi la mitad de los sacerdotes españoles son ancianos. De los que tienen menos de 75 años, su edad media es de 51 años. Esto se mire por donde se mire es una situación grave, pero la Iglesia sigue diciendo que no hay crisis. Por poner un ejemplo, en Vizcaya la edad media de los sacerdotes es de 60 años, y 2 de cada 3 está jubilado. Según datos de El Correo Digital, el número de sacerdotes cae a un ritmo anual de 30 por secularización y de 350 por fallecimiento. Bueno, también baja el número de personas que vamos a misa. Según la conferencia episcopal 1 de cada 4 personas en España asistimos a la Iglesia con regularidad. La Iglesia, mi Iglesia, es muy mayor y no es capaz de hablar a los jóvenes. A la Iglesia le hace falta juventud, aire nuevo. Hay que dar la cara a la realidad social, abrirse a una mayor independencia de las Iglesias locales, a la colegialidad del Papa con los patriarcas de los "hermanos separados", y a un montón de reformas más. Y por otro lado los laicos, los laicos que de verdad quieren y pueden ejercer labores a las que los ministros no llegan. Si no somos capaces de interesar a los jóvenes mucho menos habrá un relevo generacional en los pastores.
Desde hace unos pocos años, existe la posibilidad de realizar celebraciones en ausencia de sacerdote. Normalmente es un seglar o una monja la que dirige el rezo y da la comunión reservada por el cura días atrás. Son celebraciones más o menos normales pero en los que no se consagra la Eucaristía, acto reservado exclusivamente a los miembros del orden sacerdotal. También hay seglares dispuestos a ejercer tareas administrativas en la parroquias. Pero no es suficiente. Debemos responder a las nuevas formas surgidas del Concilio Vaticano II, donde el laicado toma un papel importante. Somos cristianos y como tales respondemos con nuestra vida a la realidad que nos toca vivir. Hoy el laico reclama madurez en la experiencia de fe y madurez en las tareas y funciones realizadas. El laico debe ser corresponsable en la Iglesia, y tiene una vocación y una misión en la Iglesia, la Iglesia es el conjunto de fieles, la Iglesia es del conjunto de fieles. Muchas Iglesias locales salen adelante gracias a la participación de los laicos que conscientes de su vocación cristiana y sus posibilidades para la trasmisión del mensaje evangélico trabajan en colaboración con sus párrocos. Los laicos, cada día, avanzan en el descubrimiento y realización de esa colaboración en la Iglesia.
El laico, ya no es el destinatario de la misión de la Iglesia, el laico, el hombre y la mujer casado/a o soltero/a, comparte misión con el religioso o el ordenado y tan responsable es el uno como el otro del futuro de la Iglesia. El carácter sacro de las acciones litúrgicas nos han acostumbrado a conceder preferencia a este ministerio y relegar al ministerio del laico a un segundo lugar. Ambos carismas son importantes, y se debe superar el dualismo entre el sacerdote y el laico.
El laico es receptor de la evangelización pero cuando el ministerio laical es entendido correctamente entonces el laico además de receptor es también emisor, y de él también parte la predicación.
No digo que se hable del sacerdocio femenino, no digo que se hable del celibato opcional para el sacerdocio, pero sí podría hablar de la diaconía permanente, una figura recuperada de la Iglesia primitiva por el Concilio Vaticano y que permite a hombres casados acceder al primer grado del orden sacerdotal para asistir y ayudar a los presbíteros, a los curas, allí donde no llegan. Por cierto, las ceremonias de ordenación de diáconos son preciosas. En una de ellas, la hija de uno de los recién ordenados hizo una de las lecturas de la Liturgia de la Palabra, y la esposa del nuevo diácono le impuso la estola.
A muchos obispos se les ponen los pelos de punta con estas cosas, en fin....La Iglesia está mal, y solo nosotros tenemos la medicina.

sábado, 26 de enero de 2008

Cruces y mesas


Leo en el Diario de León, en su versión digital del sábado 26 de enero, “Los vecinos piden retirar símbolos religiosos de los colegios electorales”. Parece ser que la federación de Asociaciones de Vecinos de Valladolid ha pedido a la Oficina del Censo Electoral de esta provincia la retirada de la simbología religiosa en todos los colegios electorales. Según estas personas los locales electorales no están ubicados en espacios de neutralidad.
Me rasco las barbas mientras le doy vueltas y pienso. ¿Neutralidad? Un triste crucifijo, si es que queda, en un aula, ¿viola la neutralidad de dicha aula?, un mural fabricado por los alumnos sobre los reyes magos ¿rompe la neutralidad? No se me ocurre qué es lo que puede romper un espacio de neutralidad.
He investigado por ahí y me he encontrado con el porqué de todo ésto. Parece ser que estas personas tienen que “sufrir los crucifijos y estupideces varias” cuando entran al colegio electoral. “Se trata de defender la laicidad del estado” ¿Laicidad del estado? Yo creo que más bien se trata de defender el ateismo de algunas personas, ya que para defender la laicidad del estado, estas personas deberían estar más tranquilas, de la misma forma que yo no voy apartando paganos cuando ando por la acera, ni atropello herejes con el coche. Tampoco pido que retiren todos los libros de Carlos Marx cuando entro en una librería, ni me negué a estudiar a Nietzsche cuando me tocó hacerlo. No se trata de eso, se trata de tener la fiesta en paz, que lo mismo que a ellos les molestan unas cosas a mi me molestan otras.
Por otro lado me he encontrado con lindezas como que en el pueblo granadino de Ogijares denuncian que una de las mesas electorales esté delante de una Iglesia. En fin....
Quizás estas personas gocen de clarividencia y cada vez que ven un crucifijo en lugares privados donde es legal tenerlos, el Cristo crucificado les dice entre susurros de ultratumba... vota al Pepé, el Pesoe es malo............

Aunque la historia puede ir por otro lado. Esta aversión por las Iglesias y los crucifijos, puede obedecer a una invasión de vampiros, una colonización masiva de fuerzas de Satán que mueren desintegrados cuando ven una cruz. Me recuerda a la muchacha de "El exorcista" que cuando veía venir por el pasillo al cura con el crucifijo en la mano se le volvía la cabeza del revés.

viernes, 25 de enero de 2008

SI, en Marte hay piedras


¿Pero qué es esto? De momento una foto de la sonda Spirit que está haciendo sus labores en Marte. Yo no se si de verdad es un marciano despistado, o una piedra con forma humanoide. Yo me inclino por lo último, y de verdad que soy el que más ganas tiene de que fuese un ser vivo pero creo que va a ser una piedra. También era una piedra aquella esfinge marciana que habían fotografiado en los años 70, yo era un niño, pero recuerdo que mi imaginación iba y venía de uno al otro confin del espacio y del tiempo. En fin....

Pero hay una cosa que no me parece nada bien. Después de tres años de investigación en la misma superficie de Marte, lo único interesante que son capaces de mostrar ¿es ésto?.
Tiene que haber un montón de datos que debidamente traducidos nos interesarían bastante, pero no, parece que la única noticia interesante sobre Marte es que han encontrado una piedra con forma de señor frotándose la cara con el hombro. Creo que los de la Nasa nos toman por tontos. Que pena que Carl Sagan ya no esté con nosotros, era el único del que me fiaba.
Quizás no sea lo que parece, quizás nos estén preparando para la gran noticia... qué más quisiera yo.

Edith Stein


La noticia publicada en zenit.org ayer día 24, diciendo que los más de 25.000 manuscritos de Edith Stein se están deteriorando y que su existencia peligra, me da pie para recordar a una mujer grande del s.XX. Dichos documentos autógrafos se conservan gracias al empeño de sus hermanas de fe, que cargaron con ellos dentro de sacos de patatas, escondiéndolos en un gallinero durante la II Guerra Mundial.
Edith Stein nació en Wroclaw (Polonia), el 12 de octubre de 1891. Su padre era un comerciante judío que murió dos años después. Edith escribió de sí misma que de niña era muy sensible, dinámica, nerviosa e irascible, pero que a los siete años ya empezó en ella a madurar un temperamento reflexivo. En 1913 ingresó en la universidad de Gottingen y se dedicó al estudio de la filosofía. Aquello era su vida: sus libros, sus compañeros, y, sobre todo, su profesor, el famoso filósofo Husserl. Hay que saber que, al terminar sus estudios, su condición de mujer le impidió tener una cátedra universitaria. Se da la circunstancia de que durante aquellos años llega a un ateísmo casi total. Durante la I Guerra Mundial trabaja como enfermera en un enorme hospital de guerra. Ella misma lo explica: "ahora mi vida no me pertenece. Todas mis energías están al servicio del gran acontecimiento. Cuando termine la Guerra, si es que vivo todavía, podré pensar de nuevo en mis asuntos personales. Si los que están en las trincheras tienen que sufrir calamidades, ¿por qué he de ser yo una privilegiada?"
La filosofía le lleva a un profundo conocimiento de la Iglesia Católica y con 31 años se bautiza con el nombre de Teresa Edwin. A los 42 años viste el hábito carmelita en el convento que tienen las carmelitas en Colonia, circunstancia que provoca que su familia rompa con ella. En 1938 emite sus votos perpetuos. Su inserción en el Cuerpo Místico de Cristo como católica, lejos de robarle su identidad como judía, más bien le da cumplimiento y un sentido más profundo. Al ser católica se siente más cudía; encuentra en Jesucristo el sentido de toda su fe y vida como judía. Este doble aspecto, crea en Edith un corazón auténticamente reconciliador entre las dos religiones. Siempre tuvo en la cabeza la unidad entre la fe judía y la fe cristiana. Antes de ser carmelita empieza a trabajar como maestra en la escuela de formación de maestras de las dominicas de Santa Magdalena. Además de sus clases, escribe, traduce, e imparte conferencias. Durante estos años realizó, además de otros trabajos menores, dos obras voluminosas: La traducción al alemán de las cartas y diarios del Cardenal Newman, y la traducción, en dos tomos, de las Cuestiones sobre la verdad de Santo Tomás de Aquino. Este se convertirá en base fundamental para sus obras filosóficas, escritas luego en el Carmelo.
Al final de la década de los 30 concluyó Ser Finito y Eterno. En esta obra, Edith trata las preguntas más existenciales del hombre; reconoce la sed infinita que posee el hombre de conocer la verdad y de experimentar su fruto, entendido desde la realidad de lo eterno y lo trascendental. Y así busca unir las dos fuentes que conducen al hombre al conocimiento de si mismo y de la verdad: la fe y la filosofía.
En este tiempo Hitler ya manda en Alemania. Ella, como antigua judía, presagia la suerte que le espera. En 1941, escribe su última y más ilustre obra: La Ciencia de la Cruz. Hecha por obediencia a sus superiores. Más que una obra intelectual, es el fruto de su propio camino interior de inmolación y victimazgo en imitación al Cordero Inmolado, a Jesucristo. Ella sabía perfectamente que iba a morir víctima de la guerra y escribe este libro como impresionante documento del apostolado del sufrimiento. Sus hermanas quieren salvarla e intentan que huya a Holanda, pero en agosto de 1942 unos miembros de las SS se presentan en el convento y apresan a Sor Benedicta, nombre religioso de Edith y a su hermana Rosa. Ese mismo agosto Edith Stein, conocida como Teresa Benedicta de la Cruz, moría en Auschwitz. Un superviviente recuerda: “Había una monja que me llamó inmediatamente la atención y a la que jamás he podido olvidar, a pesar de los muchos episodios repugnantes de los que fui testigo allí. Aquella mujer, con una sonrisa que no era una simple máscara, iluminaba y daba calor. Yo tuve la certeza de que me hallaba ante una persona verdaderamente grande. En una conversación dijo ella: “El mundo está hecho de contradicciones; en último término nada quedará de estas contradicciones. Sólo el gran amor permanecerá. ¿Cómo podría ser de otra manera?”

Juan Pablo II la canonizaba el 11 de octubre de 1998.

miércoles, 23 de enero de 2008

Orwell y 1984


El pasado 21 de enero pero de 1950 moría George Orwel, el autor de “Rebelión en la granja” y “1984”. Nació el 25 de junio de 1903 en la colonia británica de la India, su madre era Mabel Limouzin Blair de ascendencia birmana y su padre era Richard Walmsley, un administrador del departamento de opio del gobierno indio. Su nombre real era Eric Arthur Blair, pero se convierte en George Orwel en 1933 para no incomodar a sus padres con sus trabajos literarios. Fue defensor de la Republica española durante la guerra civil española, pero no le dolieron prendas en criticar el control soviético del Partido Comunista de España y las mentiras que usaban como propaganda para la manipulación informativa. Su obra Rebelión en la granja es una alegoría de la corrupción de los ideales socialistas de la Revolución Rusa por Stalin. Y 1984 es una visión profética de una sociedad totalitarista situada supuestamente en un futuro cercano. Es una distopía, una antiutopía, lo contrario de la utopía, donde se describe una sociedad opresiva y cerrada sobre sí misma, bajo el control de un gobierno autoritario. La distopía es el peor de los mundos, la sumisión absoluta y definitiva, el sueño de todo gobernante.
El sistema político presentado por Orwell está encaminado a alienar al individuo, a hacerlo virtualmente incapaz de pensar por sí mismo. Se ejerce un autoritarismo sin límites. No se contempla ninguna institución de participación ciudadana, ni siquiera un parlamento ficticio en el que exista una democracia fingida. No hay que convencer a nadie de las bondades del régimen. Al ser la dictadura perfecta, la opinión pública es irrelevante. Es más: la opinión pública no existe. La única manera de perpetuar un régimen dictatorial como el presentado por Orwell es falseando la realidad, perpetuando la mentira. Para que el sistema funcione, hay que acabar con la disidencia. El crimental es el mayor delito, y para evitarlo hay que terminar con las causas que conducen al mismo. Hay que manipular el pasado, hacerlo inexistente si es necesario. "Quien controla el presente controla el futuro. Quien controla el pasado controla el presente." Este axioma tiene una interpretación evidente: el futuro será de quienes han manipulado el pasado hasta el punto de modelarlo a su antojo. El único pasado existente es aquel que el Partido dispone, y puede cambiarlo a su antojo, los registros históricos se manipulan, y los hechos o personas incómodas para el régimen serán anulados, despojados de su personalidad serán vaporizados, no habrán sido nunca. Un pasado en continuo movimiento genera un futuro inmóvil. Incluso el lenguaje impedirá la disidencia, modelará la mentalidad del ser humano. En poco tiempo el tiempo dejará de existir, el pasado y el futuro dejarán de existir y se vivirá en un eterno presente de reposo absoluto.

Me inquieta la sospecha de que poco a poco Orwell tenga razón. Recomiendo vivamente la lectura de "1984", no como dibujo exacto de lo que puede ocurrir, sino como signo de lo que está por ocurrir, y empieza a ocurrir. Como ejemplo un botón:

"El lenguaje político… está diseñado para hacer que las mentiras suenen veraces y el homicidio respetable"
"Si el líder dice de tal evento , ésto no ocurrió, pues no ocurrió. Si dice que dos y dos son cinco, pues dos y dos son cinco. Esta perspectiva me preocupa mucho más que las bombas."
"Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, imagina una bota aplastando un rostro humano incesantemente."
"No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura."

martes, 22 de enero de 2008

¡A por ellos!


Hay una noticia que ha pasado desapercibida para mí desde que ocurrió, y es que el viernes, dos encapuchados le dieron una paliza a Javier Sagasti. ¿Quién es Javier Sagasti? Y ¿Por qué le dieron una paliza? Sencillamente porque es cura, ¿Cómo? Bueno, y por formar parte de una organización tan peligrosa para el bienestar y el progreso de los españoles como la Iglesia. El párroco procedía el pasado viernes por la noche a tirar la basura al contenedor cuando dos jóvenes le asaltaron. Primero le avisaron, antes de zurrarle le insultaron refiriéndose a su condición de sacerdote y como no era suficiente, pues nada, a por él. Los agresores no son los últimos culpables en una sociedad donde la opinión pública carga tintas contra la Iglesia, donde el gobierno se permite el lujo de llamarnos a los católicos poco más o menos que fascistas, de retirar a nuestros obispos la libertad de expresión porque lo que dicen son tonterías y de pedirnos que, abandonemos nuestra fe en beneficio de un laicismo tan dictatorial como el nacionalcatolicismo, ya muerto, del que se siguen quejando y del que nos hacen responsables a 40 años del Concilio Vaticano II y a 33 años de la muerte de aquel señor bajito con uniforme, que tanto mandaba y que se murió en la cama. Los cristianos de hoy no somos responsables de los excesos de nuestros abuelos ni de nuestros padres. Los gobernantes y los que quieren ser gobernantes, que en todas partes cuecen habas, tienen que darse cuenta que la división izquierda ateo, derecha cristiano ya ha desaparecido. No todos los cristianos son de derechas, ni el cristianismo postula esas ideas, el magisterio social de la Iglesia tiene más puntos coincidentes con la izquierda que con la derecha. Lo que es de Dios para Dios y lo que es del César para el César. Así que cuando el gobierno llama atrasada, retrógrada, y anclada en “otros tiempos” a la Iglesia, y calienta la sangre de chavales que no tienen otra cosa que hacer que dejarse calentar la sangre, y explotan dándole una paliza a un cura de pueblo, tengamos en cuenta que ese cura quizás esté haciendo más por el progreso y bienestar del pueblo que los propios gobernantes cuya obligación es hacer lo que no hacen. Si seguimos así, en poquito tiempo quemarán la primera iglesia.

domingo, 20 de enero de 2008

El camino olvidado


Sigamos con la espiritualidad cristiana y con la espiritualidad que viene de oriente. Habíamos dicho que la Iglesia Católica tiene dificultades para enseñar oración contemplativa, ésta es una oración privada y parece que se prefiere las formas de oración verbal fijadas por el Magisterio. Da la impresión que la Iglesia como institución tiene miedo a perder el control cuando la persona entra en contracto directo con Dios. El cristiano puede aprovechar lo bueno que hay en cualquier sitio donde sople el espíritu y sin dejar el catolicismo puede estirar su universo con algo llamado experiencia transpersonal. Esto quiere decir que partiendo del cristianismo, no dejándolo de lado, sino teniéndolo como base fundamental se puede lograr una ampliación de la conciencia mediante la experiencia espiritual oriental.
Debemos abandonar nuestra conciencia individual por un momento y comprobar que si sustituimos el “tú” y “yo” por el “nosotros” todo va mejor. Desde el “tu” y “yo” ninguna moral tendrá efecto. El egocentrismo es el gran mal de nuestro tiempo, es lo mismo que creer que la tierra es el centro del universo. Hay que comprobar que somos uno, que existe solo una humanidad y no una suma de seres humanos, la imagen del evangelista Juan de la viña es perfecta para ilustrar esto tan cristiano y tan oriental. Cristo y nosotros somos uno, como una viña en la que el tronco es Cristo y cada sarmiento somos uno de nosotros, sin sarmientos no hay viña y sin tronco tampoco, es todo una unidad donde lo que le pasa a una parte influye en el todo. La solución está en superar las limitaciones del “yo”, como decía Cristo, negarte a ti mismo. La mayoría de las personas que buscan esto, lo hacen desde fuera de la religión porque las religiones no han evolucionado lo suficiente, las reformas que se han llevado a cabo son como cambiar los muebles de sitio y lo que hay que hacer es, sin cambiar de edificio, subir al piso de arriba, donde hay un hueco nuevo y sin estrenar. Se trata de ser más humano, que es algo muy oriental, pero que también es muy cristiano. Cristo, al que nunca hemos hecho mucho caso, es el prototipo del ser humano, y Dios, mediante Él, quiere ser persona en mí, Dios se saborea a sí mismo en las cosas, y por eso existo, para formar parte de un todo en el que Dios sea todo en todos. Mi “yo” no es un pequeño instante en medio del universo. La oración vocal cristiana tiene una frontera con otro tipo de oración que pensamos que solo existe en oriente pero que también existe en el cristianismo. La mística, la contemplación, es una oración dirigida a un Dios personal, es una nueva experiencia de Dios. Muchas personas interesadas en esto, creen que solo se puede encontrar en las experiencias con conceptos orientales, con la meditación trascendental. Todas las religiones, el budismo, el hinduismo, también el cristianismo o el judaísmo tienen dos formas de oración, una exotérica y otra esotérica, desde dentro y desde fuera, una interior y otra exterior, la contemplación o la mística y la oración vocal. Todos, más o menos, conocemos el budismo con el desarrollo del zen y el vipassana o el hinduismo con sus diferentes formas de yoga, todo como formas de oración interiores, y nos quedamos aquí pensando que no hay más, que el cristianismo no puede dar algo parecido. Como he dicho antes la Iglesia parece que tiene miedo a perder el control cuando alguien tiene un encuentro con Dios, siempre ha escondido la contemplación en los monasterios y ha perseguido a los grandes místicos. El cristianismo también tiene formas de sosegar la actividad mental, de sosegar las potencias psíquicas, de forma que deja espacio para que lo que está detrás irrumpa. El cristianismo tiene un camino místico que ha sido olvidado deliberadamente.

viernes, 18 de enero de 2008

Los Padres del Desierto


Hubo un tiempo en que Egipto, era un país cristiano. Durante los primeros siete siglos de nuestra era el cristianismo en Egipto fue una religión que crecía en fieles día tras día. Hoy en día los Coptos del Patriarcado de Alejandría, con sede en El Cairo, son una minoría mínima y no muy bien tratada por el gobierno egipcio, pero eso es otra historia. En aquellos tiempos el desierto que abraza el Nilo se pobló de eremitas, personas solitarias que se aislaban del mundo y vivían en un continuo ascetismo religioso. Ayer se recordaba la muerte de San Antonio Abad, uno de estos eremitas egipcios, pero no voy a parar en las características del culto que se le da a San Antonio, muy relacionado con los animales domésticos, voy a recordar a todos estos eremitas que hoy llamamos los Padres del Desierto. Estos hombres abandonaron las populosas ciudades grecorromanas del Egipto del s.III y IV para dirigirse al desierto y vivir en soledad. En esta soledad buscaban, como digo, la ascesis, es decir, una paz interior para posibilitar la reunión mística con Dios. Sus dichos fueron recopilados y traducidos generando lo que hoy podemos encontrar como la sabiduría de los Padres del Desierto. Este tipo de escritos, se pueden encontrar en cualquier librería de temática religiosa, no se esconden, y están llenos de enseñanzas que viven ahí desde siempre pero que el cristianismo europeo no ha sabido utilizar. Para encontrar enseñanzas sobre la mística y la unión con el Absoluto mucha gente se lanza a los brazos de versiones edulcoradas y muy suavizadas de religiones y cultos orientales, convencidos de que este tipo de cosas no existen en la herencia cristiana que hemos recibido. El cristianismo se ha dibujado con los años y con la seguridad que da la hegemonía social, como una religión que guardaba la espiritualidad y la escondía en los conventos. El gran error de la Iglesia es no haber enseñado oración contemplativa, y no importa si uno es religioso o laico, tanto uno como el otro necesita de Dios y si quiere lo busca. El problema para el laico es que no tiene a su alcance técnicas de meditación mística con las que pueda buscar una experiencia personal, unitiva y amorosa con Dios. Se nos da un montón de fórmulas de oración muy estipuladas, pero muchas veces, la oración verbal se convierte en una frontera para la cual no tenemos llave. Si no encontramos la llave para cruzar esa frontera en nuestra cultura, salimos a buscarla en otras culturas y nos topamos con oriente, pero un oriente falseado. Todo lo que el hombre del s. XXI busca en la mística oriental lo tenemos, si sabemos buscar, muy cerca, en los Padres del Desierto. Como muestra un botón.

Agathón caminaba con sus discípulos. Uno de ellos encontró una arveja y pidió al Anciano: "Padre, me permites tomarla?" Agathón le preguntó: "Eres tú quien la depositó acá?". El hermano lo negó. "Entonces, prosiguió el Anciano, por qué quieres tomar lo que no es tuyo?"

Se decía de Agathón que vivió tres años con un guijarro en la boca, hasta que logró el silencio.

"Un hombre en cólera, incluso si resucitó a un muerto, no sería agradable a Dios."

Abba Poimén dijo a José: "Dime cómo convertirme en un monje". El respondió: "Si quieres encontrar reposo aquí abajo y más tarde también; di en toda ocasión: ¿quién soy yo? y no juzgues a nadie".

Un hermano interrogó al abba José diciendo: "¿Qué debo hacer, ya que no tengo fuerzas para soportar los males ni para trabajar en hacer caridad?" El Anciano respondió: "Si no puedes cumplir ninguna de estas cosas, guarda al menos tu conciencia de todo mal con respecto al prójimo y así te salvarás".

Abba Lot fue en busca de José y le dijo: "Abba, de acuerdo con lo que yo puedo, recito un oficio corto, ayuno un poco, oro, medito, vivo en el recogimiento y, tanto como puedo, me purifico de mis pensamientos. ¿Qué más debo hacer?" Entonces el Anciano se levantó y extendió sus manos hacia el cielo. Sus dedos se convirtieron en diez lámparas encendidas y le dijo: "Si tú quieres, te conviertes enteramente en un fuego".

Se contaba de Juan Colobos que, habiéndose retirado con un Anciano tebano en Escete, moraba en .el desierto. Su abba, tomando una rama seca la plantó y le dijo: "Cada día, riégala con un cántaro de agua, hasta que ella produzca fruto". El agua estaba tan lejos que era necesario partir a la tarde y regresar a la mañana siguiente. Al cabo de tres años, la madera revivió y produjo frutos. Entonces el Anciano, tomando este fruto lo llevó a la Iglesia y dijo a los hermanos: "Tomad, comed el fruto de la obediencia".


El mismo Macario dijo: "Si, reprendiendo a alguien tú te dejas llevar por la cólera, satisfaces tu propia pasión. Por lo tanto no te pierdas a ti mismo para salvar a los otros".

Se interrogó un día al abba Silvano diciendo: "¿Qué género de vida llevaste, Padre, para recibir esa sabiduría?" El respondió: "Jamás dejé penetrar en mi corazón un pensamiento que atrajera la cólera de Dios".

jueves, 17 de enero de 2008

Pancartas contra la razón


El Papa Benedicto XVI no pudo al final acudir a la Universidad de la Sapienza como estaba planeado. Según sus comentarios quiere quitar pretexto a protestas desagradables. Pese a que es una minoría la que protestaba por la visita del Papa, ha sido tan ruidosa que la necesaria acogida digna y tranquila que se le debe dar a toda personalidad, y sobre todo si es un anciano Papa, no ha sido posible. Para dejar las cosas en su justo término, en la Universidad de la Sapienza hay 4000 profesores, de los cuales 67 han firmado una carta acusando a Benedicto XVI de negar la libertad de investigación citando un discurso de hace 18 años del entonces cardenal Ratzinger en el que hablaba de la crisis de confianza en la ciencia en sí misma. La frase que prendió la llama parece que fue ésta: «En la época de Galileo la Iglesia permaneció mucho más fiel a la razón que el mismo Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo». Pero lo que no se han fijado estos 67 profesores es que la frase no era del Cardenal ahora Papa, sino que era una cita del filosofo Paul Feyerabend con la que Joseph Ratzinger intentaba ilustrar la posición de la Iglesia sobre Galileo. Es algo parecido a lo que ocurrió con las famosas protestas de los musulmanes contra el Papa, sin darse cuenta de que la frase que encendió la mecha era otra cita, esta vez de Manuel II Paleólogo. Por cierto, para que sepan estos 67 profesores, la rehabilitación del caso Galileo, que todo el mundo agradece a Juan Pablo II, fue cosa del Cardenal Ratzinger, que como prefecto de la congregación para la Doctrina de la Fe, le correspondía. Uno hizo el trabajo y otro puso la firma.
No faltaron profesores y alumnos que pedían la presencia del Santo Padre en la Sapienza, y que se quedaron sin discurso que entre otras cosas iba a lanzar un llamamiento a la cultura occidental a no cerrarse a la verdad cristiana en nombre de la razón. Iba a hablar del vínculo que se da entre fe cristiana y búsqueda de la verdad, como parte de la naturaleza de la universidad, claro homenaje a la Escolástica. El Papa hablando en nombre de una comunidad creyente que custodia un tesoro de conocimiento y sabiduría ética se preguntaba ¿Qué puede decir él en la Universidad? Y él mismo se responde: no tratar de imponer a los demás de manera autoritaria la fe, que solo puede ser transmitida en libertad, sino mantener despierta la sensibilidad por la verdad. Iba a invitar a la razón a ponerse en búsqueda de la verdad y del verdadero bien. Iba a citar filósofos como Habermas que hablaba de la sensibilidad por la verdad como elemento necesario en el proceso de argumentación política. Tras un repaso a la historia de la búsqueda de la verdad, llega a la conclusión de que Europa si sólo quiere construirse a sí misma basándose en el círculo de sus propios argumentos, en lo que la convence por el momento, y si pierde el contacto con las raíces de las que vive --preocupada por su laicidad--, entonces deja de ser razonable y pura, por el contrario, se descompone y se fragmenta. Los 67 profesores y los alumnos que con pancartas y gritos pedían al Papa que se quedase en casa creen que han ganado una batalla, pero no han hecho otra cosa que lo mismo por lo que protestan, han impuesto su voluntad de una manera autoritaria, acusando a otros de lo mismo que ellos cometen. No hace falta que nos libren a la fuerza de nada, yo puedo decidir si quiero escuchar a Benedicto XVI o no, en cualquier caso no obligaré a nadie a escucharlo, ni quiero que me prohíban o impidan a mí escucharle. Líbrame Señor de mis amigos que de mis enemigos ya me libro yo.