martes, 19 de febrero de 2008

El mar y las olas


Toda la vida es como sarmiento, y la vid es Dios, somos parte de Dios y Dios es en nosotros. Cuando enferma el sarmiento es la vid quien enferma y si muere el sarmiento la vid muere en ese sarmiento. Toda vida es como el sarmiento, como la ola en el mar. En cada instante el mar se revela como ola y dice la ola, “yo soy el mar”, luego la ola desaparece pero no muere el mar. La vida no termina nunca porque en realidad es un instante en la eternidad, un instante en el que Dios se manifiesta precisamente en un “yo” que sin dejar de ser “yo” tiene vocación de “nosotros” para no perder la costumbre de ser uno con una única creación. No morimos porque no nacemos, antes de nacer ya estábamos con Dios y cuando volvamos a Dios nadie preguntará dónde hemos estado porque nadie nos echó en falta. No morimos, solo abandonamos el envoltorio, la figura que por alguna razón que desconocemos nos toca tener, no morimos, solo dejamos la forma de sarmiento sin que la vid desaparezca, dejamos la forma de ola pero seguimos siendo mar. El “yo” de cada uno, convertido en “nosotros” no puede desaparecer porque es Dios en cada uno, porque todos somos Dios, porque Dios es en nosotros. Dios no tiene partes, si uno de nosotros desapareciera, Dios desaparecería. Todo es Dios, la infancia es Dios, la madurez es Dios, la vejez es Dios, la enfermedad también es Dios. En todo lo que fue, es y será Dios es totalmente entero, porque en lo creado siempre deja el creador parte de su genio, de su espíritu. La creación es tan semejante al creador que es materialización del creador. Todo en nosotros es encarnación de Dios, en la muerte y en el sufrimiento es Dios quien sufre y muere en nosotros. No nos vamos cuando queremos, somos llamados. Todo tiene un orden y un porqué, una razón que no nos toca entender por ahora. No podemos ver nada viendo solo un nudo de hilo, solo entendemos si nos alejamos y miramos el tapiz en su totalidad. No nos vamos cuando queremos, nos vamos siempre y somos llamados siempre, un “ya pero todavía no”. Podemos decir en Cristo “yo soy” porque siempre he sido y siempre seré. No morimos, sólo somos llamados para volver a casa. La ola no debe tener apego de su forma de ola, por muy grande que sea la ola, siempre ha sido mar. La ola sale del mar para romper y luego vuelve a ser mar para siempre.
I.M.V.O.

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